El sábado nos levantamos temprano, compramos el desayuno en sainsbury y volamos hacia Victoria. Salimos con muchísimo tiempo para ir tranquilas, pues los últimos 5 minutos los pasamos corriendo con el corazón en la boca de punta a punta porque el autobús, en vez de cogerse en la estación, se cogía en la calle, como uno de línea.
Al lado nuestra se sentaron los únicos españoles del autobús. Qué barbaridad de españoles hay aquí, madre mía.
Nada más bajar del autobús nos fuimos a por unos cafés y delante nuestra una mujer que bajaba un escalón se daba la ostia de su vida a cámara lenta. Casi muero.
Con los cafés en el cuerpo y unas galletas de chocolate blanco y frambuesa (vicio) empezamos nuestro Pekin Xpress por Oxford, siguiendo a otras españolas que llevaban mapa hasta la tienda de Alicia. Antes subimos al castillo de Oxford, bueno, al castillo no, a un montecito para ver la ciudad entera. Cuando bajábamos todos los que subían eran españoles.
Luego fuimos a la tienda de Alicia (me compré un boli de esos que se mueve lo de dentro, ya es como una tradición, tengo uno del submarino amarillo de los beatles, otro de ellos cruzando abbey road, uno del big ben y ahora Alicia cayendo por la madriguera) y un broche del conejo blanco. Después estuvimos en Christ Church y paseando por el centro de la ciudad, comimos en un pub con una camarera retrasada y cuando salimos empezó a nevar, era de noche, hacía frio y teníamos que encontrar la estación otra vez.
La nieve está muy bien para la mañana siguiente, pero el proceso de caida es horroroso, y dos días después con el hielo y la nieve gris (ugh!!) es un horror.
Nosotras somos de Málaga y estamos acostumbradas a la arena, así que el muñeco de nieve nos quedó bastante aceptable.
off topic:
M. me ha vuelto a sorprender. Esta vez se ha puesto a cantar “Thank you for the music” de ABBA
El padre ha hecho pan de queso y tomate YUMMY
#Tamara
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